Hoy recupero un artículo que escribí allá por 2014 para la Cátedra Santander de Emprendimiento y Liderazgo con el que me he topado ordenando documentos. Llevaba por título «Comprender para emprender» y creo que no está publicado online (al menos Google no lo tiene indexado, que viene a ser lo mismo).

Comprender para emprender

”De memoria no, razonándolo” o “la mejor forma de estudiar las matemáticas es con un papel y un lápiz” son frases que desde niños resuenan en nuestro subconsciente cada vez que nos enfrentamos a un nuevo reto educativo.

¿Quién es capaz de recordar los principales ríos de España? ¿O la lista de los reyes godos? Y sin embargo ¿cuál es el resultado de multiplicar 5 por 5? O ¿qué hora es si la aguja pequeña está en el 10 y la grande en el 3?

Las habilidades y conocimientos más importantes que hemos adquirido hasta ahora son fruto de la comprensión y la experiencia.

Como emprendedores podemos aprender los tipos de modelo de negocio que existen y las posibles formas jurídicas de nuestra futura empresa, pero las competencias que de verdad marcarán el destino de nuestro proyecto no nos queda más remedio que comprenderlas y entrenarlas. Liderazgo, proactividad, empatía, trabajo en equipo, confianza… habilidades que no solo nos servirán en el ámbito empresarial si no que repercutirán positivamente en todos los aspectos de nuestra vida.

Por eso emprender no es solo “montar una empresa”, emprender es una actitud que nos lleva a querer cambiar aquello que no nos gusta.

Ensayo y error

Durante una entrevista a Thomas Alva Edison, el periodista le recordó que para inventar la bombilla había necesitado casi mil intentos fallidos, a lo que Edison respondió: “No fracasé, solo descubrí 999 formas de cómo no hacer una bombilla”.

No está en nuestra naturaleza el dejar de actuar por miedo a no conseguir nuestros objetivos. Si así fuera, la mayoría de nosotros no andaríamos ni hablaríamos. ¿Es más fácil aprender a montar en bicicleta siendo niño o siendo adulto?

Entonces ¿por qué nos han enseñado a temer el fracaso? Seguramente por nuestra seguridad, para protegernos de lo desconocido. Pero ¿qué ocurre cuando la senda segura por la que avanzamos no nos lleva hacia donde nosotros queremos?

Cuando decides salirte del camino trazado, el éxito y el fracaso van juntos de la mano, casi podría decirse que no se entiende el uno sin el otro. Es más, incluso ese camino que cómodamente seguimos fue en su momento trazado gracias a una sucesión de éxitos y fracasos de alguien que lo recorrió antes que nosotros.

¿Sabes cuáles son las dos lecciones imprescindibles en cualquier curso de esquí, patinaje o surf? La primera, aprender a caerse. La segunda, aprender a levantarse.

No hay porqué temer al fracaso.

Fracasa rápido y barato

Por desgracia no hay un guión que nos permita esquivar el fracaso pero sí que disponemos del testimonio de miles de emprendedores y emprendedoras que, como un ratón en un laberinto, fueron equivocándose de camino una y otra vez hasta encontrar la ruta que les llevó al éxito.

Si prestamos atención a las pistas podemos conseguir minimizar los efectos negativos del fracaso. Estos son algunos de los consejos que más se repiten.

Cuenta tu idea sin miedo a que te la copien

Cuando emprendemos por primera vez lo hacemos alrededor de una idea que nos parece genial y el simple hecho de tener que compartirla con otros nos produce terror. Sí, es posible que alguien tome nota y la copie, pero en ese caso el problema es tuyo porque no aportabas al proyecto nada que otro no pudiera aportar.

Eligiendo a los interlocutores apropiados, sobre todo profesionales del sector y clientes potenciales, nuestra idea se enriquecerá como una bola de nieve con cada conversación.

Una idea madura repleta de aportaciones y opiniones tiene muchas menos probabilidades de fracasar. Por supuesto hay que saber escuchar y admitir las críticas, incluso si la conclusión final del proceso es que la idea no es viable. Recuerda, fracasa rápido y barato.

Rodéate de gente que sepa más que tú

Es posible que puedas echar a andar tu idea por tus propios medios pero por lo general son necesarios diferentes perfiles de emprendedores que se complementen entre sí.

¿Eso significa que tendré que compartir beneficios? Sí, pero también aumentan las posibilidades de éxito del proyecto. El 100% de cero es cero.

Cuidado con buscar socios entre los amigos, parejas o familiares: la norma general antes de hacerlos partícipes es preguntarse si contarías con ellos aunque no tuvieran relación contigo.

Los clientes no vienen solos

Uno de los errores que más comentan los emprendedores experimentados es el de haber gastado todos los recursos y tiempo en preparar el producto o servicio y haberse olvidado por completo de reservar una partida para marketing y promoción.

De nada sirve tener el mejor producto del mundo si nadie se entera de ello, por lo que pensar nuestra estrategia de marketing es tan importante como desarrollar nuestra idea.

La perseverancia y la pasión son la clave del éxito

Ya que le dedicaremos muchísimas horas a nuestro proyecto es importante que nos guste lo que hacemos. Trabajar con pasión marcará la diferencia en esos momentos en los que se duda entre tirar la toalla o seguir adelante y, lo que es más importante, esa pasión se transmite también al cliente.

Además no hay que olvidar que las cosas no siempre salen bien a la primera y aquí es donde la perseverancia entra en juego: a veces la diferencia entre el éxito y el fracaso es intentarlo solo una vez más.

No dejar de estudiar nunca

Todo avanza muy deprisa, la tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso y cada día se publican miles de estudios y estadísticas. Lo que hoy está de moda mañana podría estar desfasado, que algo se venda este mes no garantiza que el año que viene pueda tener demanda.

Aunque siempre hemos pensado que una vez que tuviéramos trabajo no tendríamos que estudiar nunca más, para anticiparse a los cambios del mercado y maniobrar en consecuencia no podemos perder de vista las variables que podrían influir en nuestro sector. Para ello hay que formarse continuamente, mantenerse informado y acudir a reuniones con otros profesionales afines.

A no ser que te dediques a algo que ya no pueda cambiar (por ejemplo a “literatura inglesa del siglo XVIII” o “El renacimiento en Italia”) nunca te creas que eres un experto: todavía te queda mucho por aprender ¡y comprender!

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