En un proyecto nuevo hay muchos falsos positivos. Reuniones, mensajes, visitas, ideas, tareas cerradas y gente que dice que le gusta lo que haces. Todo eso puede ayudar, pero no siempre indica que vas por buen camino.
Conviene distinguir movimiento de progreso. El progreso deja señales más exigentes: alguien usa, alguien paga, alguien vuelve, alguien recomienda o el equipo ...
Una idea puede ser brillante y seguir siendo solo una idea. Puede tener nombre, logo, dominio comprado y una presentación bonita. Nada de eso la convierte todavía en empresa.
Empieza a parecer una empresa cuando aparecen señales menos románticas: alguien paga, alguien repite, hay una forma de entregar valor, los costes tienen sentido y el proyecto puede seguir funcionando ...
Antes de montar una empresa, diseñar una marca, buscar financiación o encargar una web, conviene hacer algo bastante menos vistoso: hablar con posibles clientes. No para pedir permiso ni para hacer una encuesta decorativa, sino para entender si el problema que imaginamos existe de verdad.
La mayoría de proyectos no fallan porque falte una idea. Fallan porque se construyen ...