Durante décadas, la información importante de una familia o una persona solía guardarse siempre en los mismos lugares.
Un archivador en el despacho.
Una carpeta azul en el armario.
Un cajón concreto donde estaban “los papeles importantes”.
Allí terminaban las escrituras, las pólizas, los teléfonos de emergencia, los contratos, las instrucciones del seguro o ...