Una idea puede ser brillante y seguir siendo solo una idea. Puede tener nombre, logo, dominio comprado y una presentación bonita. Nada de eso la convierte todavía en empresa.
Empieza a parecer una empresa cuando aparecen señales menos románticas: alguien paga, alguien repite, hay una forma de entregar valor, los costes tienen sentido y el proyecto puede seguir funcionando ...